Buenos días, Madrid

Cuando tengo exámenes, de pronto, me vuelvo súper productiva. Hago la colada, limpio mi casa, skypeo con todos mis amigos/ familiares, me entero de la última actualización de TODO el mundo en Facebook, meriendo cinco veces, me pongo al día sobre música y pelis, voy a comprar cosas, actualizo B.Blogger…  en fin, ese tipo de productividad.

Son buenos días para pensar también. Digamos que son días en los que cualquier posible problema, dilema, o mega problema-dilemón no se puede ahogar en alcohol, ni en un chocolate caliente si quiera. Son días en los que te toca enfrentarte a ellos a ti solita.

Este post, en realidad, no es porque yo tenga uno de esos días…que también. Este post se lo dedico a una de las personas más fuertes que conozco en  este mundo. Seguro que también lo es de las que no conozco. Ella sabe quién es.

Ella es…ella es muy Madrid. Muy capital de España. Ya sé que mis metáforas a veces son incomprensibles, pero espero que ya me estéis empezando a conocer. Lo que quiero decir es que es única, contradictoria, fiestera, alegre… y tiene un corazón lleno de rotos, bares, gente, amor… igualito a Madrid.

Odia las puntas abiertas y es una adicta a las compras. Va de lanzada, segura y decidida, pero luego se muere por dentro en las primeras citas y le pirra llorar con canciones de amor ñoñas. Es detallista hasta el último milímetro, pesada muchas veces. Siempre que se pone los tacones supera de todas las formas posibles a cualquier idiota que se le pueda acercar en una discoteca.

Cuando quiere, quiere de verdad. A ella un “a medias” no le vale. Nunca le valió. Sabe bien el significado de “currarse algo”. En todos los sentidos. Y también sabe lo que significa pasarlo mal y tener que seguir adelante. Quizás eso es lo que te ha llevado a ser la persona más fuerte que conozco. Es la que antes hacía todas esas cosas del primer párrafo conmigo, sin necesidad de tener la excusa de estudiar.

Como buen sinónimo de mi ciudad que eres, creo que deberías saber algo. Madrid echa de menos verte sonreír sin heridas. Las cicatrices van desapareciendo con el tiempo. Dicen que la vida es todo lo que nos va sucediendo mientras nosotros hacemos otros planes, y definitivamente es una de las pocas grandes verdades sobre el existencialismo. A veces, esas cosas que nos van sucediendo, son… una puta mierda. (Disculpad, estaba intentando pensar en otra forma de decirlo, pero no hay palabras lo suficientemente buenas para describir ese concepto). Pero tú eres Madrid.

Eres esos domingos de sol en La Latina, la fiesta que acaba con un buen desayuno en San Ginés, la lealtad del Bernabeu, el romanticismo de una joyería en Serrano, la ñoñería de las barquitas del retiro, el corazón del centro de Gran Vía… sólo me falta decir a “cup of café con leche in Plaza Mayor”.

Eres Madrid. Y Madrid nunca se ha rendido ante nada. Siempre salió a pelear con uñas y dientes, aunque fuera contra francesitos armados hasta las cejas y con cacerolas y cubiertos como armas. Y, ¿sabes qué?, ganamos.

Por mi parte creo que ha llegado el momento de seguir estudiando. Por la tuya de sonreír de una puta vez. Pero hacerlo de verdad.

Buenos días, Madrid

B.

Bendito Ibuprofeno

Abres medio ojo derecho. Algo está sonando… es ESE sonido. Otra vez. Otra mañana más. Pero el ruido es tan lejano que decides volver a cerrar el poco campo de visión que habías habilitado y seguir durmiendo. “¡Mierda! Hay clase. Y hoy hay que ir. Me lo tendría que haber pensado mejor ayer antes de tomarme la primera.”

Abres los ojos, como puedes, como si hubiera una fuerza mayor a la gravedad que te tirara de los párpados hacia abajo. Finalmente lo consigues, ahora, mantenerlos no es tan sencillo. Sacas un brazo de debajo de las sábanas cual zombi moribundo y alcanzas el móvil que ayer por supuesto no pusiste a cargar dada la situación en la que te encontrabas al llegar a casa. 15% de batería, depeeme. Y ciento cuarenta y ocho mensajes de WhatsApp. Uff. Tiemblas.

Empiezas a leer conversaciones todavía intentando mantener los ojos abiertos, y vas descubriendo cosas…muchas cosas….y te vas acordando de ellas también. Es entonces cuando llega EL momento…el momento de la gran pregunta:

¿Qué coño pasó anoche?

Tu cerebro todavía alcoholizado te manda (como puede) flashbacks de ratos desordenados de la velada que de momento no tienen ningún sentido. Pero lo que sí que no tiene ningún sentido son las 5 conversaciones que empezaste a las 2 de la mañana porque, en algún gran momento de lucidez extrema, te pareció buena idea.

A tu mejor amiga le has enviado 8 grabaciones con una voz de ultratumba propia de un caballero negro del Señor de los Anillos (disculpad mi friqueza) cantando a voz en grito vuestra horterada de “canción de la amistad” (lo cual también te sirve para darte cuenta de que en realidad no cantas bien). Eso en una. Otra es de lo mucho que la echas de menos y de lo que te encantaría que estuviera compartiendo contigo ese momento de “Oda al alcohol”.

A tu novio (que no te ha vuelto a escribir desde entonces porque está maldiciendo a todos tus antepasados) le enviaste cinco fotos de…cosas…a las que no se le puede encontrar otra descripción que la palabra “cosa”, y le has escrito frases como “stooyyy borrrachhaa!!!!!!!!!!!!!!” “teeeee ecffhooo de mefknooooooffsss” “ojalaa estvierjoas akquí”.

A tu madre, que por algún motivo te vino a la cabeza, le haces un párrafo de veintisiete líneas para recordarle lo mucho que la quieres y la echas de menos en la distancia. Eso sí. Tu madre cuando lo lee se tira de los pelos pensando en el pastón que se ha gastado en tu educación para que al final escribas “quiero” con k.

A tu grupo de amigos de siempre les vas relatando tu noche, para que, de alguna manera, sientas que no están tan lejos. La conversación se ve más o menos así:

Tú: Yo hoy salgo!!! Os voy a echar de menos 😦

Tú: Chicoooooooos os echo de menooooooos, ojala estuvieseis!!

Tú: Voyy BORRRRRRRRACHHHHHHHHHHAAAAAJJDKAKKAAAAAAAAAAAAAAAAA

Tú: Qudjdkde peeeeeeeeeeejgmddeeeeeeeeeeeedooooofldmoooooo 😀 😀 😀 😀

                                               Hoy

Alvaro: Eh… estás bien?

Y menos mal que tu abuela no tiene WhatsApp porque seguro que le hubieses dedicado unos versos también.

Después de este maravilloso recap nocturno, que has tardado media hora en realizar, llega el momento de levantarte…Já, ese momento siempre es el mejor. Tu cuarto podría ser el escenario de la toma de la Bastilla. Nada más ponerte en pie, notas como alguien te golpea con un martillo en la cabeza. Muy fuerte. Y luego escuchas tu estómago rugir como Mufasa en la sabana africana. Y ya como salieses con tacones, sientes, literalmente, que tus pies se desintegran lenta y dolorosamente. Vas a la cocina a por un vaso de agua que te bebes con un ansia atroz, como si llevaras una semana sin ver ese preciado líquido y te pones rumbo al baño para intentar quitarte el resto del maquillaje que no se ha quedado en la almohada. Enciendes la luz y te quedas perpleja mirando a la criatura demacrada, de ojos rojos y pelo similar a la comida de burros que se refleja en el espejo…a ti, básicamente.

Y es entonces cuando repites una de las mentiras más pronunciadas por la raza humana…

“No vuelvo a beber”

Hasta que llegue el finde que viene, of course 😉

B.